El tesoro es la carnada; el dungeon, la trampa; el monstruo, el cazador

Los gibelinos comen, como es bien sabido, nada menos que hombres. Su torre maligna comunica con la Terra Cognita, con las tierras que conocemos, por un puente. Su tesoro es inimaginable, y no cabe allí la avaricia: tienen un sótano especial para las esmeraldas y un sótano especial para los zafiros; han llenado de oro un pozo, y sacan de él lo que necesitan. Y el único uso conocido que dan a tan ostentosa riqueza es el de atraer a su despensa un continuo suministro de alimento.
-Lord Dunsany, El tesoro de los gibelinos

En esa torre brilla el oro, alguien debería entrar a robarse un poco.

En otra parte he hablado sobre el dungeon como un sistema que trabaja en perfecta simbiosis con el monstruo y el tesoro, a fin de atraer a los aventureros y devorarlos. Desde esa perspectiva, el dungeon es el que devora a los aventureros y el monstruos cumple con una función similar a la microbiota intestinal del ser humano: digerir, absorber y sintetizar los nutrientes; el tesoro es el néctar o polen que atrae a los aventureros en una suerte de melitofilia, o más bien aurofilia.

Desde otra perspectiva, como lord Dunsany sospecha, el tesoro sigue siendo el polen que atrae a los hombres (y enanos) como abejas, pero aquí el dungeon es la flor-trampa que atrapa a los aventureros, y el monstruo cumple el papel del cazador.

Es el monstruo el que mantiene las trampas en funcionamiento, el que atranca algunas puertas y oculta otras detrás de tapices o cajones de madera, el que esconde cofres de oro y joyas en los distintos cuartos, pues sabe que el deseo más fuerte de los hombres (y enanos) es el de la riqueza, sobre todo si se acompaña de la fama que viene de haber sobrevivido a un “mazmorreo”. Son muy pocos los que pueden resistirse a la atracción cuasi mágica que el brillo dorado de un gran tesoro ejerce incluso sin haber puesto los ojos en él, bastando con la pura imaginación enardecida por las baladas de los escaldos y las viejas leyendas de taberna.

La cosa es muy simple, muy obvia, tanto que uno pensaría que se trata de otra cosa pero así es: es el hambre la que pone en movimiento la relación simbiótica dungeon-tesoro-monstruo que culmina con el aventurero triturado, machacado, hervido, troceado, picado, marinado en su jugo y a las finas hierbas.

No olvides nunca que lo que nos mueve es el hambre, y no el alimento. (Corcobado, Gasolina de besos)

En esa casa aún se cuenta la historia de cómo Nuth habría practicado su arte contra los gnoles

Hay un tipo de monstruo que es puro instinto: hambre y violencia para saciarla sin morir en el intento, más animal que monstruo. Ése no es el monstruo que opera en el dungeon (aunque lo puedes encontrar ahí). Aquí estoy hablando de un monstruo hambriento, sí, pero también inteligente, capaz de hacer planes retorcidamente elaborados. Su objetivo es claro: comer hombres (y enanos). El dungeon tiene la función de matar o, en ocasiones, capturar a los aventureros, para que el monstruo pueda comérselos, ahora o mañana. El dungeon es el matadero lleno de cuchillos afilados.

O tal vez no. Tal vez el hambre no es lo que mueve a esa mente monstruosa. Hay un tipo de monstruo caótico (o maligno), proveniente de Terra Ignota, y su objetivo no es hacer una parrillada de los humanos (y enanos) sino tan sólo atormentarlos, causándoles el mayor sufrimiento posible, por el puro odio que se revuelve en sus entrañas. El odio y la pulsión de destrucción son el único sentimiento que estas criaturas conocen, y todo lo que hacen es una expresión de ese sentimiento, como lo sería un poema o una canción para un artista apasionado.

¿Por qué otra razón el infame troll Grimtooth habría dedicado ya casi 40 años a la elaboración de las más fabulosas e inimaginables trampas, si no se considerara a sí mismo un artista del dolor? Él no quiere comerse a los aventureros, sólo quiere causarles el más grande suplicio imaginable y después, dejarlos morir.

El odio es la policía corrupta del amor./Tengo las claves secretas de la extinción./Se avecinan sutiles latidos de destrucción. (Corcobado, Editor de sueños)

¡Hora de comer!
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4 comentarios sobre “El tesoro es la carnada; el dungeon, la trampa; el monstruo, el cazador

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    1. En mis dungeons, sólo hay un monstruo o raza inteligente, los demás están ahí porque el mismo monstuo los trae y los usa para atacar (como trampas), o se meten solos (como plagas).

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